miércoles, 6 de julio de 2016

La Pyrénéenne 2016

Tras dos noches durmiendo medianamente bien (de las anteriores al viaje no puedo decir lo mismo) no hace falta que suene el despertador, todo preparado para invertir el menos tiempo posible, el desayuno como siempre es el de los campeones... pan, jamón york, zumo, galletas integrales y café con leche. A pesar de que pinta mal, me encomiendo al hombre del tiempo que decía lo contrario, y me visto de verano pero con el chubasquero hasta la salida, desmonto los cristales para días nublados y monto los normales 'alea iacta est'.


El horario del garaje de bicis en el hotel me condiciona, llego muy justo a la salida, aun así me pongo en primera fila, busco con la vista a Jesús, con quien compartí ascenso de Aspin y Tourmalet hace dos años, pero no le veo, el asfalto está encharcado, hay niebla pero por suerte no hace frío, salimos.


Si normalmente entre tanta gente no me encuentro cómodo, con agua menos, me saluda Jesús ‘¡qué alegría!’, entre las bicis y el agua no me atrevo a soltar el manillar para darle la mano, cruzamos varias palabras y ‘al lío’, me voy quedando atrás, demasiado atrás, hasta el ascenso a la primera cota, donde voy remontando puestos, Jesús me sirve de referencia, en las bajadas como ya se ha estirado la carrera, a pesar del agua me encuentro más cómodo, volvemos a Bagneres de Bigorre, en un giro de noventa grados el de mi izquierda tiene que sacar el pie para no irse al suelo, pequeño susto, oigo a Bea gritar ‘¡despacio!’ (ha visto un par de caídas) pero no la veo.


Aquí ya está más o menos perfilado el pelotón, no recuerdo si alcanzamos a más ciclistas o si nos alcanzaron, el caso es que ya éramos un buen grupo rumbo al Tourmalet, veo a Jesús tirando del grupo, no tardo en acercarme, en el llano doy algún relevo, en las ascensiones se suele poner él delante, se produce algún ataque al que salgo a neutralizar, cuando parece que las cotas se han acabado, Jesús y yo dentro del grupo nos contamos aventuras varias, poco antes de Lourdes, al salir de una rotonda de golpe el asfalto está seco, escucho con acento francés ‘¡seco, seco!’, en el grupo cambian los ánimos, llegamos a Argelés-Gazost y de ahí a las galerías junto al río, donde los dos franceses que iban delante se giran, gritan palabras y hacen gestos que no entiendo, pero que claramente significan ‘ahora que tire otro’, Jesús se pone a la cabeza, le doy algún relevo, al final le digo que no se caliente que queda mucho, que se ponga a mi rueda, creo recordar que de aquí hasta Luz ya no me quité, me comentan por detrás que la moto dice que vamos a 5 minutos de la cabeza (poco me parece), y hago el chiste tonto del día ‘pues ya sabéis… poneros a arrear que si no ya no gano’.


Comenzamos la ascensión al Tourmalet, yo con buenas sensaciones, bien de pulso y como de momento nadie me da ningún manotazo sigo a la cabeza del grupo, todavía recuerdo el año pasado que intentando coger al grupo que iba por delante sufrí lo que no está en los escritos, en Barègues se pone uno delante, me fijo en la bici, una preciosidad de Ti montada con muy buen gusto, vuelvo a ponerme delante, no tardará en darme un relevo Sergio un vasco con mucho gas, a relevos seguimos, miro hacia atrás y veo al grupo en fila india con bastantes bajas, no veo a Jesús, el fin de fiesta corre a cargo de Sergio, ya no voy tan fresco, oigo los gritos de Bea desde arriba, ‘ya queda poco’, saludo con la mano, miro hacia atrás y solo veo a José Luis otro compañero cántabro con un motor turbo diésel de muchos caballos, así los tres llegamos a la cima de la ‘montaña del mal regreso’. Allí me espera Bea haciéndome fotos, me pregunta ‘¿el bidón de agua o de isotónica?’, mientras voy tirando los vacíos le digo ‘los dos’.


No paro en el avituallamiento pues llevo comida para toda la carrera y así compenso la pérdida en la bajada, intento seguir a Sergio pero me desanimo cuando yendo rápido veo que se suelta de manos cuando a mí me viene justito mantener la velocidad, me pasan unos cuantos misiles, hasta La Mongie mantengo el tipo y no pierdo mucho, pero a partir de aquí, en las galerías y zonas sombrías el asfalto está mojado y la visibilidad es reducida por los cambios de luz, bajo el ritmo y ahora sí, comienzo a perder demasiados metros aunque ningún puesto más.

Tras el desvío a Sarrat de Bon veo que José Luis me pisa los talones y no tarda en alcanzarme, por  preciosos parajes y duras rampas juntos alcanzamos a algún que otro participante, bajamos al Lac de Payolle junto a un francés, los tres comenzamos la ascensión a L’Hourquette d’Ancizan con José Luis se hace mucho más llevadera, el francés se acaba quedando, el entorno es una pasada, en el inicio enormes pinos dan paso a verdes laderas, plagadas de vacas, caballos y auto caravanas, ‘allez-allez’. Coronamos, le digo a José Luis que yo no paro, llevo comida y bebida y que no tendrá muchos problemas para cogerme en la bajada, me ‘lanzo’, tras un rato me pasa el francés como un rayo, veo a otro delante, el francés le adelanta pero yo no consigo alcanzarle, cuando llego abajo no tardo en darles alcance, cuando lo hago oigo que le dice uno al otro algo de lo que solo entiendo ‘españolo’ e inmediatamente se meten los dos detrás de mí ‘pues lo tenéis claro si pensáis que os voy a llevar yo solo’ y al rato comienzo a pedir relevos, los cuales solo me daba el de blanco y muy cortos, así llegamos a Saint Lary-Soulan. Pasamos de largo en el avituallamiento, salimos del pueblo y diviso a un par de participantes, me coloco delante, aprieto y les cogemos, cuando veo que nadie quiere dar la cara, empiezo a hacer gestos con el brazo para ir a relevos en círculo, consigo organizarlos a todos y vamos rodando a la vez que voy alentando al personal, vamos ágiles sin mucho desgaste, en alguna rampa que nos encontramos me quedo yo delante, pero tras rebasarla comenzamos de nuevo con los relevos, casi en Arreau nos alcanza el grupo en el que venía José Luis y me dice que si no es por un francés que va con mochila no nos cogen, dice que se ha puesto el cuchillo en la boca y a arreones los ha traído hasta nosotros. Vamos a la cabeza hasta el comienzo del Col d’Aspin.


El de la mochila no tarda en atacar y se va él solo, aunque no se queda a más de veinte o treinta metros, al resto los llevo detrás, al rato me dice José Luis ‘me he hecho un lío buscando un gel y estos ni se han inmutado, he tenido que apretar para cogerte’ y efectivamente me giro y veo que José Luis me había cogido pero que el resto se habían quedado atrás. Con mas de 160 Km en las piernas, bajo un solo que caía aplomo, a buen ritmo y contando alguna batalla vamos ascendiendo metros, hasta que a unos 5 Km de coronar, tras ponerme a rueda de José Luis para que (creo recordar) un coche nos adelantara, me vino a visitar ‘Mesié Massó’, de repente se me hacía un mundo llegar al paso de montaña que más arriba se veía, y más aun al ritmo que el cántabro estaba poniendo, lo intentaba pero no podía, de golpe hacía mucho calor, aguanto pero pienso ‘Juan si sigues así explotas’ así que le digo que haga marcha, que en la meta nos vemos, se va unos metros y le vuelvo a coger rueda pero no puedo, lentamente veo como va avanzando unos metros imposibles de salvar, al rato me alcanza el francés de blanco, el que me dio los relevos hasta Saint Lary-Soulan, saco fuerzas de flaqueza pero no soy capaz de ir con él más que unos metros, pasa otro rato y me alcanza un inglés sin dorsal, a su rueda dos franceses, uno el que no daba relevos y el otro uno de los que alcanzamos al salir de Saint Lary-Soulan, intento seguirles pero no hay gas. En modo autoprotección no les pierdo de vista, corono cerca de ellos, aunque las piernas no iban la cabeza si, bajo bien, lo suficiente para que no me de alcance nadie y en el giro hacia el Lac de Payolle rebaso a uno, todavía queda una buena cota que superar, me vacío para no llevármelo conmigo, otro giro y al fondo la meta, oigo a Bea pero no la veo, me pongo de pie para la foto y se acabó. 




Viene Bea corriendo, la abrazo nos besamos, ya está, otro año más. Me hace una foto con José Luis, con Sergio, los tres y le pide a Sergio que nos haga una a ella y a mí, que ella nunca sale, que buena es, si no fuera por ella… 



Me acuerdo de Jesús que se quedó por el camino, me gustaría tomar una cerveza con él pero ahora toca correr, ‘no hay duchas’ ,‘¿cómo?’, ‘no hay duchas… y el coche está a tomar viento’, ‘vamos pues’, hablamos con el hotel de Saint Lary-Soulan, ‘me puedo duchar en la piscina, menos mal’, no nos quedamos ni a comer, en la nevera llevo arreglo para una buena recarga de hidratos, plátano, zumo, dátiles, ciruelas pasas, orejones… eso y un buen batido isotónico, con vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales, en cantidad suficiente para dos horas, después una barrita de las buenas… bocata de jamón y queso ‘para que más’. Todo en el coche porque los niños y los abuelos nos esperan en casa, qué gran alegría verlos venir corriendo para darnos un fuerte abrazo al entrar en casa.



La tercera Pyrenneene y el tercer diploma de oro, 180 Kilómetros con 4100 metros de ascensión acumulada en 6:41 según la organización (el Garmin dice que algo más), posición 48 de la general y 17 de mi categoría, muy buen resultado para un mortal que tiene que sacar los minutos de donde no los hay para poder entrenar. El viernes los corredores del Tour, igual que nosotros, tras afrontar el Col d’Aspin finalizarán en el Lac de Payolle y el sábado tendrán que superar Tourmalet, L’hourquette d’Ancizan (como nosotros), Val Louron-Azet (que lo subí el viernes) y Peyresourde (que no subí porque se nos hacía tarde), venir con la bicicleta a los Hautes Pyrennes es un lujo y con una jefa de equipo como Bea un lujazo nivel superior y aunque el año que viene me había planteado un nuevo reto, tal vez repitamos… Todavía tenemos pendiente subir al Pic du Midi.


Val Louron-Azet, Gavarnie y Pic du Midi

Camino a los pirineos, con muchos planes en la cabeza, demasiados tal vez para un solo un fin de semana. Nos hemos dado el gustazo de un día más, queremos aprovechar y hay cierta prisa (por mi parte), nuestra primera escala… Saint Lary-Soulan, cuanto más cerca de la frontera mas nubes, entramos en Francia lloviendo, llegamos al Hotel pasadas las cinco, escampa (menos mal), descargamos, monto la bici y pasadas las seis comenzaba la ascensión al Col de Val Louron-Azet, se ha quedado una tarde estupenda, paro varias veces pues el sensor de cadencia se ha movido y el cambio desajustado, ahora con calma, sin prisa, a ritmo aeróbico y disfrutando, voy avanzado por este primera categoría, estamos en los pirineos todo un lujo. Por detrás a lo lejos, veo que llega el coche de apoyo por si se hace demasiado tarde, arriba… vistas, fotos, como algo y descenso hacia Génos, muchas curvas de herradura, abajo se ve el lago y en la carretera se ven las vacas que salvo por poco. La idea inicial: terminar en el Col de Peyresourde que está a tiro de piedra, pero es tarde, en Francia cenan temprano y viramos hacia Arreau no sea que cierren la pizzería (la misma desde la que hace dos años vimos a Iñaki Urdangarín). Bici al coche y se acabaron los pedales hasta el domingo.


Amaneció el sábado nublado y lluvioso, cargamos el coche y comenzamos el camino hacia Gavarnie, damos buena vuelta para evitar puertos, disfrutando del entorno y de los pueblos. Llegamos, hacemos bocatas, comemos y vamos hacia ‘le Cirque de Gavarnie‘, el blog va de bicis pero no me podía dejar esto en la cuneta, más de una hora de camino fácil pero intenso por los pirineos, las nubes no dejaban ver el circo, cuando llegamos… ‘bien, paraje bonito, como todo por aquí’, pero cuando a punto de irnos las nubes comenzaron a moverse y dejaron a la vista las paredes hasta arriba, coronadas por la nieve, plagadas de cascadas… no dábamos crédito, en vez de irnos, buscamos mejor posición, nos sentamos e hicimos fotos, ninguna hace justicia a la realidad.


Volvemos, Bea va acalorada (camino fácil pero intenso), yo noto que se me cargan los cuádriceps (y pienso en el día siguiente, grrr), llegamos al coche, vamos al Tourmalet a ver si con un poco de suerte se van las nubes y subimos al ‘Pic du Midi de Bigorre’, nada más lejos de la realidad… lluvia, niebla y ciclistas nos acompañan durante todo el ascenso y durante todo el descenso. ‘¡Venga va!’ a por el dorsal, a buscar el hotel, a cenar y a descansar...

viernes, 29 de abril de 2016

Tenerife

Tenerife, ¡menuda isla para pedalear!, aunque hay que conocerse bien las carreteras, me metí en alguna realmente peligrosa, por suerte no tuve ningún susto pero en algún tramo lo pasé mal. De la ruta ya hace cuatro semanas, pero desde que volví he ido de cráneo y no he podido sentarme a escribir hasta ahora...



Salí poco antes de las 8:00, de corto, con chaleco y manguitos, comida suficiente para un gran fondo (galletas con mermelada, higos y ciruelas pasas) y los dos bidones llenos, uno con isotónica y otro con agua. El día de antes había estado lloviendo, el asfalto estaba mojado y la luz era escasa todavía. No conocer a lo que me enfrentaba me producía cierto nerviosismo, en la Orotava sin quererlo me metí por el centro histórico, rodé por el siempre incómodo empedrado, me dije 'mira el Tour de Flandes', preguntando llegué la TF21 y una vez dejé atrás La Orotava los nervios desaparecieron.


Comencé muy conservador, plato pequeño hasta Chasna, en un pequeño llano metí grande y lo dejé hasta el final (llevaba compact con un 11-30), a pesar de la nieblina que me acompañó por todo el Valle de la Orotava, pude disfrutar de las vistas y del entorno, a los 1000 metros aproximadamente entraba en la corona forestal, se acabaron la vistas, la nieblina dió paso a las nubes, no se veía cuanto a penas, me tuve que quitar las gafas (graduadas) pues chorreaban por la condensación, entre los majestuosos pinos, sin ver mas allá del tétrico entorno de duendes y brujas que me rodeaba seguí ascendiendo, pasando uno a uno los miradores desde los cuales no se veía absolutamente nada, cuando alcancé los 1600m empecé a salir de las nubes, a partir de los 1700m lucía un sol espléndido, aunque poca, la nieve se acumulaba en las zonas sombrías, la vegetación comenzaba a menguar y ahora volvían las vistas... a mis pies se extendía un mar de nubes. Luego las cañadas y por su impresionante paisaje lunar hasta el teleférico (2356 m).


Breve descanso y para abajo, rodando hacia el cruce que llevaba a Chio o a Vilaflor iba cavilando la idea inicial de bajar y volver a subir por el sur, tomo dirección Chio, por un asfalto malísimo que fue mejorando por momentos pero que no llegó a ser bueno, la temperatura no era baja pero el viento si que era frío, me quede helado, lo que me hizo pensar es que si la bajada era así por esta cara como debía ser por el norte, así que en Chío en vez de virar hacia Los Cristianos, continué bajando hacia Tamaimo donde paré a repostar agua y al escaso sol comencé a recuperar la temperatura corporal.​

Por Santiago del Teide subí al mirador de Masca, bajé a Masca, subí al mirador de la Cruz de Hilda, bajé y volví a subir hasta el mirador de los Altos de Baracán, increíble entorno y sobre la bici mas increíble todavía, esto lo había hecho un par de días antes en coche con la familia, pero en bici es otra cosa, las vistas, la cascada, las curvas, los precipicios... Cuando comencé el descenso hacia Buenavista del Norte llevaba poco mas de 100 Km con 3200m de acumulado, ya valía ya y pensé 'ahora por la costa, a pajarear de Buenavista a Puerto de la Cruz'.


Y que error mas grande, todavía quedaban 400m de acumulado mas, la carretera de la costa lejos de lo que yo me pensaba era un terreno rompepiernas total, además que la carretera poco a poco se va poniendo peligrosa, los túneles, los arcenes sucios, la alta velocidad de los coches, cojo un desvío hacia San Vicente y carreteras mas tranquilas me llevaron de regreso a Puerto de la Cruz.

Total 155 Km con 3600 m de acumulado en 6:30, buena paliza que supo a gloria. Me quedé con ganas de subir Erjos, el Pico del Inglés, de bajar a Taganana... Espectaculares rutas que hicimos en coche pero que en bici deben ser increíbles.

Ahora toca preparar La Pyreneenne 2016.

jueves, 9 de julio de 2015

La Pyrénéenne 2015

Largo y bonito viaje el que nos iba a llevar a Argelés-Gazost, atravesando los puertos de El Portalet, L'Aubisque y Solour ibámos camino de La Pyreneenne 2015, donde otros cuatro puertos míticos mas una encerrona me esperaban para atravesarlos, ahora sí, a golpe de pedal.


Tras dos noches durmiendo poco más de cinco horas, la anterior a La Pyreneenne no podía ser muy diferente. El calor insoportable, la cena copiosa y los nervios nos hicieron pasar a todo el Equipo muy mala noche. Así, quince minutos antes de que sonara el despertador, puesto ya de por sí a unas horas intempestivas, nos levantábamos de la cama. A mí me esperaba el completo desayuno de los campeones que, debido a la ya citada copiosa cena, me veía en la necesidad de reducirlo, de ahí a terminar el aseo, vestirme de ‘romano’, cuadrar alimento y herramienta en el maillot y a montar la bici, estrictas normas y pocas facilidades en el hotel, hicieron que durmiera en el coche.


Ahora a dar cuatro pedales y para la salida, llego pronto y me pongo en primera fila, ¿para qué? Pues para salir en las fotos, porque las ventajas de salir con los primeros las pierdo todas en el momento dan la salida y veo que el pavimento está húmedo, me bloqueo y noto como todo el mundo aprovecha mis excesivos huecos, las salidas no son lo mío y menos este año que me han faltado carreras. Por fortuna el bloqueo pasa pronto, ya hay que dar pedales pues pica hacia arriba, me animo y empiezo a adelantar posiciones, vamos junto a un río, pasamos por galerías, la humedad es excesiva, sudo mucho 'habrá que prestar atención a la hidratación', veo que me voy acercando a la cabeza de carrera ¡bien!.



Empezamos a subir El Tourmalet. Se ve un claro pelotón de cabeza que no tarda en dividirse en dos, al segundo grupo lo tengo a tiro, lo alcanzo pero me descuelgo, lo vuelvo a alcanzar y me vuelvo a descolgar. Por detrás hacemos un pequeño grupo, participo activamente, me encuentro bien, demasiado bien tal vez y en cuanto empieza el sufrimiento me quedo (este año me han faltado carreras), conmigo se queda un chico pero veo que va menos y acabo solo, tras de mi va avanzando un grupo hasta engullirme a falta de unos dos o tres kilómetros para coronar, reconozco un equipaje de La Eliana, me presento pues tengo un buen amigo en ese equipo, vamos a buen ritmo y me tengo que exigir para estar dentro, consigo aguantarles hasta coronar, el último kilómetro se hace muy largo debido al viento en contra, los gritos de ánimo de Bea llegan desde la cima y con su llegada el viento ‘desaparece’, veo la plateada estatua del ciclista, fin de la ascensión al mítico coloso. Como conozco mis limitaciones y llevo comida para toda la carrera, no paro en el avituallamiento, cambio bidón a mitad por lleno y me lanzo al descenso, el viento sopla y me da algún susto, paso La Mongie y las galerías, abajo en el fondo, las laderas desaparecen y solo se ve un manto de nubes esto es un viaje al averno. Al momento me empiezan a adelantar unos misiles, si el Garmin me indicó máximas de 78 Km/h, estos sobrepasaron con creces los 90 Km/h seguro, a pesar de todo, tras pasar el desvío hacia Aspin, les veo a todos juntos a tiro, si les quiero coger me tengo que exigir, lo hago y les alcanzo.



Ahora toca Aspin, primeros kilómetros llevaderos, últimos cuatro o cinco exigentes, a la cabeza del pelotón va un chico del Pais Vasco, que al igual que en el Tourmalet, marca un ritmo muy duro, retorciendo el cuadro bajo mis piernas me nace un chiste ‘¡o subís el ritmo o ya no gano hoy!’, coronamos y paramos en el avituallamiento, me alimento a base de orejones, recargo bidones y para abajo lo más rápido posible, para no perder mucho en la bajada. Las vistas… increíbles. Este descenso no se me da tan mal pero… antes del cruce de la carretera que nos llevará a Saint Lary me adelanta una ranchera con bici en el techo, al verme llegar, los voluntarios paran los coches y nos dan paso, pero la ranchera hace el stop, yo paro detrás, hasta que sale pasan unos interminables segundos, en los que veo como el grupo se aleja, ‘Juan vas a tener que remar aquí donde ya remaste el año pasado’, y así es, cuando les alcanzo y recupero el aliento, puedo recrearme en las vistas de Saint Lary con Le Pla d’Adet al fondo, 'qué recuerdos' le explico a Coro el compañero de La Eliana, seguimos rodando y aprovecho para darle las gracias la chico que había ido tirando en las dos ascensiones 'probablemente después de L'Hourquette no pueda hacerlo', así hasta comenzar la subida a…



L’Hourquette d’Ancizan por su vertiente más dura, puerto catalogado como primera categoría, pero las durísimas rampas con la ayuda del calor hicieron de él todo un ‘HC’. Aquí se rompió el grupo. Yo me quedé con Iñaki, al cual tengo que agradecer su ayuda y apoyo. Ayuda en la ascensión y apoyo en el descenso y tramo de pedaleo hasta la siguiente ‘cota’. El puerto precioso por sus dos vertientes. Fui reservón al inicio y por eso me descolgué, pero en su tramo final me costó no despegarme de la rueda de Iñaki, comenzaban mis horas bajas. El último aliento me llegó en forma de gritos de ánimo, Bea se había montado un pic-nic con manta ‘tortillera’ sobre la hierba para esperarme con un precioso bidón lleno de agua hasta arriba, no me hace falta coger comida, aprovecho para adelantarme y quitarme ‘un buen peso líquido de encima’, Iñaki baja como un tiro, se nota su experiencia forjada en la escuela de ciclismo, y yo a duras penas hago por no perderle de vista, lo consigo, pero aun así no paso por un buen momento y con amagos de calambres, pensar en volver a ‘remar’ para cogerle se me hace un mundo. Me adelanta un chico francés que lleva buenas piernas y pienso ‘esta es mi salvación’, le tiro el gancho y sufro hasta que alcanzamos a Iñaki, me pide relevos pero no puedo dárselos, enseguida me veo en un grupo de cuatro o cinco, sigo tocado y sigo sin poder dar relevos, Iñaki se queja porque 'estos no dan relevos sino hachazos’ y tiene razón, sobrevivo como puedo y comienzo a resurgir poco a poco, al final hasta doy algún relevo.


Pasamos varios pueblos y tomamos el desvío hacia Pouzac, entramos en un bellísimo bosque en el que se alternaba la niebla densa con la finísima lluvia, subimos el Col du Lingoust, no sé ni cómo ni cuándo exactamente, pero me vi rodeado de una parte de los integrantes del grupo que formábamos antes de comenzar la ascensión a L’Hourquette más nuevos integrantes. En la gráfica no parecía gran cosa pero este Col se le atragantó a más de uno, yo me había recuperado pero sufrí siguiendo el ritmo del grupo. Recargamos en el avituallamiento y para abajo. Tras el descenso Iñaki me buscó para decirme que se imaginaba que me había vuelto a quedar en la bajada, le explico que aquí no tengo problemas, es un descenso técnico por las curvas y a su vez no tan rápido como los anteriores, en el que me encontré muy cómodo. Ahora todo va a ser favorable hasta el desvío que nos conducirá a la última cima…


Hautacam, las horas bajas habían pasado y llegué todo lo fresco que se puede llegar con 170 Km en las piernas. Concentrado en la alimentación y con pedaleo ágil comenzamos la ascensión, no me cebo, Iñaki va por delante con mejor ritmo que yo y le dejo ir lentamente, no paramos de adelantar ciclistas, la gran mayoría de la prueba ‘corta’, pero también alguno de los que les perdí la pista hacía ya un rato. Esta ascensión fue muy distinta a la del año pasado en Pla d’Adet donde sufrí muchísimo y perdí varios puestos, con buenas sensaciones iba avanzando entre la espesa niebla por los durísimos kilómetros, chorreando hasta la cinta del manillar por la humedad y por el sudor, oigo el característico motor diésel de nuestro Seat '¡es Bea!', me adelanta sin ahorrar en gritos de ánimo y con la música a todo volumen '¡bien!'. A falta de cinco kilómetros me tomo un gel, el único con taurina que había traído y que guardé especialmente para el último empujón, la cosa no aflojaba, las rampas hacían crujir el cuadro en cada pedalada, llegué a ver el diecinueve por ciento en el Garmin, a unos dos o tres kilómetros de coronar salimos de la niebla, me cruzo con Carlos, un amigo de Valencia que ya iba de bajada, había hecho la corta junto a su hermano, me resume lo que me queda, las neuronas las llevo en las piernas y solo acierto a preguntarle por su hermano y recordarle que tenemos pendiente un ‘fondillo’, ahora solo estoy para acabar esto cuanto antes (disculpa Carlos que no te hiciera más caso), viene un duro rampón y luego afloja, sí, pero afloja en la línea del morlaco, no menos de un siete por ciento. Más allá está Bea me hace unas fotos, me pregunta que si necesito algo… ‘ya no, bueno sí... terminar, ¡vamos, que esto ya no me lo cuentan!’, sigo subiendo hasta que veo la recta que lleva al arco de meta, pica un pelín hacia abajo, meto el plato, aprieto los dientes y agoto las pocas fuerzas que me quedan, se acabó.

 

Bea llega corriendo, está contenta como siempre, que buena es, si no fuera por ella... me hace fotos, le doy un beso '¡ya está esto!', busco a Iñaki y le digo que nos tenemos que hacer una foto juntos y le explico mi teoría sobre la amistad después del sufrimiento que conlleva un Gran Fondo como éste (teoría ya conté aquí y que no repetiré). A partir de aquí todo fue muy rápido, en Valencia nos esperaban los niños, le pido a Bea el chaleco (aunque en realidad quería el chubasquero), como y bebo algo, me lanzo al descenso para soltar piernas, abajo después de la ducha y de reponer un poco, me pongo al volante y cogemos camino a casa.



Repito diploma de oro, muy contento con el resultado, según la organización me ha llevado 7:05:16, el Garmin dice que algo mas, en la general el puesto 46 y de mi categoría el 15 (30-39 años), no me hace falta mas, el trabajo que me ha traído hasta aquí solo lo conozco yo, se podrá hacer mas, mejor y obtener mejores resultados, pero dudo que con mas ilusión, solo hay que ver el número de mi dorsal, inscrito desde el primer día que se abrieron inscripciones. Pero hay algo que si desconozco... hago todo lo posible para que el entrenamiento no influya en la vida familiar, pero es difícil cumplirlo al cien por cien, cuando se tuercen las cosas, cuando estás cansado... afecta a mi humor y entonces solo el resto de integrantes del equipo saben el trabajo que cuesta soportarme, por estos momento y por permitirme seguir dando pedales, tengo que estarles eternamente agradecido.

martes, 8 de julio de 2014

La Pyrénéenne 2014

A las siete de la mañana daban la salida en Saint Lary de la octava edición de La Pyrénéenne, prueba ciclodeportiva, con final en alto, en la que se suben cuatro puertos de esos que vemos, repletos de vaquitas y prados verdes, por la tele en El Tour de Francia y que tantas veces nos han ayudado a conciliar el sueño. A las seis y media la rueda trasera de mi bicicleta estaba en el suelo, solo traía una cámara de recambio y unos nervios que apenas habían aparecido hasta el momento, se presentaron de repente y todos juntos en la habitación del hotel, todo se convirtió en una situación digna de película de los hermanos Marx... Bea en pijama pidiendo una cámara en el pasillo y yo de puro nervio no acertaba a destalonar la cubierta... Gracias a unos compañeros que me dejaron una cámara y me destalonaron la cubierta, pude estar a las siete menos diez en la salida con una cámara de repuesto y con gran parte de los nervios que no se querían perder el evento.

 
Sin calentar pero con el pulso de haberlo hecho, pasaba bajo el arco de salida, a pesar de estirarse el pelotón no tardo en acercarme a la cabeza y tras una avalancha por la izquierda para coger posiciones delanteras se produce una caída, apuramos frenada y se produce otra caída sin consecuencias aparentes, como no son aparatosas, ¿qué hacer?, pues piernas para que os quiero, aquí no paran mas que los afectados... madre mía.

Comienza la ascensión a la primera cima mítica, el Col d'Aspin, lo subo muy bien, todo lo ágil que se deja y sin apenas sobrepasar mi supuesto umbral anaeróbico, me hubiera gustado subir en posiciones mas adelantadas, pero las caídas hicieron que el grupo se estirara y aunque podía haber forzado para alcanzar un pequeño pelotón que iba por delante, no quise gastar mas de lo necesario. Unas curvas unidas con rectas que parecían estar hechas con tiralíneas dibujaban un zig-zag sobre una ladera verde, arriba donde estaba el fin de la línea, se divisaban caravanas, quedaba mucho todavía. Siete, nueve y medio, siete y medio, ocho, ocho por cien... los kilómetros marcados en señales verticales, con el porcentaje, con la altitud, no se si esto ayudaba o no, pero ahí estaban las dichosas señales kilómetro a kilómetro. Junto con Jesús un compi de Madrid alcanzamos a dos descolgados y los cuatro coronamos juntos, en la cima nos hacen una foto. Como siempre, en el descenso dejé que me pasarán y cerré el grupo hasta Saint Mary de Campan.


Cruce a la derecha y aquí comenzamos la ascensión al mítico Tourmalet, diecisiete kilómetros a mas de un seis por cien de media, con unos kilómetros finales que no bajan del nueve por cien y el último a mas del diez. Como tenía planteado, salvo los puntos mas duros, lo subí ágil rodando en intensidad aeróbica. No recuerdo bien como se hizo la selección, pero la mayoría del puerto los subimos Jesús, Alfonso (un colega suyo que nos alcanzó), un chico francés y el que suscribe, había que guardar, ninguno hicimos exhibiciones, creo recordar que nos adelantaron tres, uno sin dorsal, en principio hicimos por seguirles a cada uno de ellos pues no iban juntos, pero fuimos reservones y preferimos seguir a nuestro ritmo. Llegamos a La Mongie ‘empieza lo bueno’, a lo lejos por delante vemos la cabeza de carrera ‘madre mía ¡cómo suben!’ y un grupo intermedio ‘esos tampoco van cojos’, seguimos a nuestro ritmo, a  Jesús y a Alfonso les da para hacer fotos, incluso me hicieron una a mi (muchas gracias), el francés se queda rezagado, mientras Jesús guarda el chubasquero, yo me descuelgo para que enlace otra vez y coronar juntos. En la cima nos avituallamos, el francés se adelanta y es el primero en comenzar el descenso, Jesús y Alfonso se hacen mas fotos, yo a dos mil ciento quince metros de altitud decido lanzarme al descenso en solitario pues el aire era frío y sin chubasquero ni chaleco me estaba quedando helado, delante no pierdo de vista al chico francés y al cabo de un rato me alcanza un grupo donde no venían ni Jesús ni Alfonso, pero decido cogerles rueda, bajamos muy rápido, se me hizo interminable, yo siempre cerrando el grupo sin perder comba. Tanto el ascenso como el descenso del Tourmalet fue como un déjà-vu, nunca había estado allí pero todo lo conocía. Pasar por donde tantas veces se han batido los grandes,  las pintadas … , no se muy bien pero me salían sonrisas, me venían sensaciones, imaginaba la voz de Perico o la de Carlos de Andrés contando anécdotas o recriminándose tonterías.


Llegamos al ‘llano’ al principio picando hacia abajo, después picando hacia arriba… ‘ahora tiro yo’,  ‘ahora tiras tu’, ‘vamos que ese se escapa’, ‘guarda que todavía queda mucho y estos no asoman el morro’, ‘a esto en mi pueblo le decimos puerto’… Paisajes, pueblos, construcciones todo muy bonito y nada que no hayamos visto por las tardes de verano durante la siesta. Así hasta Campan.


Donde volvemos a girar a la derecha para comenzar la penúltima ascensión, al principio Col d’Aspin, por donde habíamos bajado antes y donde pudimos leer ‘VALVERDE’ varias veces pintado en el asfalto. No me encontraba cómodo,  pero tras coger el desvío otra vez a la derecha hacia a L’ Hourquette d’Ancizan, todo cambió como el paisaje, me dejaron coger la batuta y poner buen ritmo, creo que alguno se descolgó, pero el grupo coronamos casi al completo. El paisaje increíble, inmensos prados verdes, familias de pic-nic , pinos gigantes, vacas, caballos, burros… la gente nos veía, aplaudían, gritaban ‘allez-allez’. Arriba un compañero del grupo me dió las gracias por haber tirado en la subida, lo cual me llenó mucho y se las devolví. En el avituallamiento me pareció ver a un par que en el llano se habían escapado, ‘¡ahí os quedáis!, nos vamos para abajo’, dejo pasar al chico que me dio las gracias y a su rueda comienzo el descenso, poco a poco se va haciendo mas numeroso el grupo, yo… cerrando como siempre, hasta que veo un cartel ‘DANGER’, recuerdo que en una hoja que nos dieron junto al dorsal hacía hincapié en el peligroso descenso de L’Hourquette, además el chico francés del Tourmalet también me lo había dicho, me bloqueé y me ganaron demasiada distancia, cuando llegamos al llano dirección Saint Lary, los tenía a tiro e intenté cogerles pero el viento en contra me lo impidió, gasté muchas balas, demasiadas y lo pagué. Aunque en el avituallamiento cogí a cuatro o cinco de los integrantes del grupo, iba tocado, los últimos arreones, ciento setenta kilómetros en las piernas y mas de tres mil setecientos metros de ascensión acumulada hicieron mella en mi. Además el GPS apuntaba a que al final no iban a ser cuatro mil metros como yo creía, sino muchos mas, todavía quedaba un puerto de primera especial por delante.


Comienzo la ascensión al Pla d’Adet con dos chicos de todos los que hemos ido juntos desde el descenso del Tourmalet, tocado no tardo en ponerme en modo autoprotección, a mi ritmo y viendo como me iban ganando terreno poco a poco van pasando los kilómetros, primero al nueve por cien, segundo, tercero y cuarto al diez, nueve, ocho y medio, nueve y medio por cien y por fin un descanso… cinco, siete y siete. Adelanto a muchos participantes, casi todos de La Dos Vallés, sus caras son un poema, muchos se bajan de la bici, alguno sube andando, ahora soy yo el que les dice ‘allez-allez’ pero no muy alto para no gastar energías. Por un momento se me pasa por la cabeza parar a descansar ‘ni se te ocurra Juan’, pienso que si me bajo de la bici ya no vuelvo a subirme a ella, voy por la mitad, me tomo un gel, tarda en llegar la tregua pero al fin lo hace ‘¡vamos que esto está hecho!’, oigo a Bea ‘¡chaleco, chubasquero, agua, isotónica!!! ¿qué necesitas?’, ’nada’ contesto, le lanzo el bidón que me sobra y saco fuerzas para poder sonreír en las fotos, me cuesta, todo cuesta, hasta sonreír cuesta a estas alturas, pero me encanta chupar cámara (¡eh! ¡Pedro! jejejeje). Adelanto a uno, enfrente la última rampa, un rampón, me pongo de pié y hago garza, los calambres amenazan y durante un segundo todo se ralentiza ‘mierda’, me siento, doy varias pedaladas y me vuelvo a poner de pie ‘los calambres se han ido’, llevo al último adelantado a rueda, tengo claro que no va tardar en sacar el cuchillo, me la pela, me la pela y mucho, en los últimos metros me adelanta ‘¡tírale valent!’, esto ya está, lo mas duro que he hecho en mi vida y ya está, acabé. C’est fini.


En el avituallamiento llega Bea con una sonrisa, la veo muy contenta y yo me alegro, me alegra verla feliz, feliz por mi, porque ya está, porque ya ha acabado, entrenamientos, cicloturistas, viajes han llevado a buen fin, no han habido caídas, no han habido averías, el cuerpo ha respondido y el objetivo está cumplido. Nos reimos, le doy un abrazo, un beso, y... la bici para que la aguante mientras como algo, mira que pronto me cargo un bonito momento. Gracias Bea por soportarme día a día.

Comiendo algo saludé a compañeros de fatigas, como siempre hubieron comentarios, guiños, miradas de complicidad, choques de mano... hemos sufrido muchísimo juntos hoy aquí y eso une, aunque solo sea para este rato en el avituallamiento, pero une. Vi a Jesús que acababa de llegar también, fueron Alfonso y él mano a mano todo el camino, menuda paliza se pegaron a solateras, ¡bravo por ellos!. En un momento comenzó a tronar e inmediatamente después a llover, esto me hizo desistir de bajar el puerto para soltar piernas, monté la bici en el coche, ducha, comida, estiramientos y para Valencia que nos esperan.



P.D.: Siempre le doy valor al resultado de una cicloturista mirando el tiempo y la gente junto a la que llego, en La Pyrénéenne no conocía a casi nadie, por lo que con el diploma de oro que me han dado estoy mas que pagado. 

El ambiente que en Saint Lary se respiraba daría para otra entrada, pero no creo que la escriba, no éramos muchos, pero los suficientes para llenar las calles de un pueblo tan pequeño, coches que por lo menos (si no lo eran, pues no creo que todos estubieran en UK) parecían los oficiales de comisarios del Tour, carteles por todos los lados indicando su paso por Saint Lary con final en Le Pla d'Adet, la carpa de entrega de dorsales y maillots, la pequeña feria, el escenario, el arco montado desde el día anterior... y sobretodo la fuerte autosugestión que yo llevaba, hacía que se respirara Le Tour de France por todos los lados.

La organización aunque humilde para mi perfecta, no tuve que hacer cola para recoger el dorsal, muchos coches y motos controlando (ni un gendarme), los cruces bien señalizados, con personas parando el tráfico en los mas importantes y en las rotondas. Avituallamientos bien surtidos, que aunque yo cambiaría la coca-cola por isotónica, eran perfectos para reponer energías. No hace falta mucho mas para que una ciclodeportiva tenga éxito y para mi lo tuvo.

sábado, 19 de mayo de 2012

El punto de inflexión

Por fin me quité la espina clavada, al finalizar cada temporada me prometía que había sido la última, pero siempre aparecían motivos para volver, esta vez no voy a esperarme porque pueden volver los motivos. He disfrutado mucho de entrenamientos y marchas, pero esto se ha convertido en una insana obsesión, centrado en conseguir el tiempo necesario para la preparación he empezado a confundir prioridades, cualquier cosa que pudiera afectar al tiempo o calidad del entrenamiento me hería produciendo una fea respuesta. Llevo mucho viviendo al límite del tiempo, extrayendo minutos a cualquier cosa y eso ha empezado a afectar a mi humor. Es el momento de echar el freno.

Echar el freno significa seguir, dar pedales sin planificar, sin objetivos globales y sin anteponer la bici. Habrán objetivos concretos, mantener un buen estado de forma para afrontar pruebas determinadas, nada de largas temporadas competitivas ni de clasificaciones, solo puntuales retos personales. Y desconectar, echar el freno significa que mientras no esté sobre la bici la mente quede liberada de ritmos cardiacos, cadencias, calorías, estiramientos, series, intervalos... he olvidado tantas cosas por las 'dichosas bicicletitas'.

Sin hablar de cosas mas serias, he olvidado hasta que dispongo de una sierra entera, durante estos años casi la totalidad de mis salidas se han reducido básicamente a tres recorridos que utilizaba según el entrenamiento. Daba igual que hiciera sol o que hubieran nubes, durante la salida mi atención se centraba en las pulsaciones y la cadencia. He salido casi a diario, sobre la bici olvidaba si ese día habían ganas o no, solo sabía que tenía un trabajo que hacer y lo hacía. Ahora esto ha cambiado.

Aunque hayan cambiado las cosas no os extrañéis si un día me veis en el Oronet haciendo series, yendo muy despacio en ayunas o si a pesar de que vais a tope no sois capaces de deshaceros de mi. Soy competitivo, me gusta el ciclismo, conozco las herramientas y las voy a seguir utilizando. Ante la ausencia de rutina no va a ser fácil pero seguro que acabo encontrando el equilibrio, me ha pasado otras veces y no voy a volver a tropezar con la desgana, siempre manteniendo las distancias con la planificación de un largo y esclavo entrenamiento.

Hayan sido largos o esclavos, los entrenamientos siempre los he planificado para evitar que resten tiempo a la familia, por eso ningún cambio me va a permitir pasar mas tiempo con Bea y Diego, pero si que va a tener mejor calidad, cansado no se interactúa igual con los que te rodean y en realidad es con ellos con los que siempre tengo que estar a tope, ellos siempre lo están y con ellos siempre gano.

lunes, 14 de mayo de 2012

La Yesa 2012

Este domingo los Dinobikers teníamos una cruz en el calendario, llegaba el desenlace a todo el trabajo realizado, con mas de 400 inscritos teníamos que hacer lo posible para que nada fallara y no iba a comenzar bien el fin de semana....

A pesar de que indicaban que ya estaba controlado, un correo electrónico nos ponía en alerta el viernes por la tarde, después de haber hecho los deberes, de haber presentado el recorrido en todos los sitios donde se tenía que presentar, de haber lidiado con los diferentes organismos... ahora nos avisaban que  la marcha coincidía con otros eventos, que no podían enviarnos a efectivos de la Guardia Civil y que había que eliminar ciertos cruces con la carretera. El sábado por la mañana al llegar a La Yesa veía a Pepe y le preguntaba, no me tranquilizaba pues aunque ya habían dicho que estaba solucionado el no lo tenía claro, subo a El Collado, descargo el coche y vuelvo, habían quedado a las nueve y yo llegaba tarde '¿dónde estarán?, voy a mirar al bar' y como no podía ser de otra forma, allí había una buena representación de los Dinobikers tomando un refrigerio, me explican que ya está solucionado, que solo queda marcar algún tramo e incluso que  van a salir a rodar por la tarde para comprobar que el recorrido está al 100%, 'así da gusto'. Josek, Mich y yo nos vamos a terminar de marcar la rambla que lleva al pueblo, no tiene pérdida pero hay muchas variantes que pueden hacer terminar al ciclista en un socavón, en un barrizal o en un pedregal, por eso nos llevó tiempo hacerlo, con cinta, señales verticales y yeso la dejábamos mas marcada que una autovía, después a tomar algo fresquito y a comer.

Aunque nos habían convocado a las siete a los Dinobikers para concretar las tareas del domingo, a las cinco bajábamos a tomar café (y no sea que quede algo por hacer), al llegar a La Yesa nos decían que los valientes que habían ido a reconocer el recorrido habían visto que el viento había borrado alguna de las marcas de yeso, formaron dos grupos para ir a remarcar. Después en La Casa de la Cultura con Dinobikers y colaboradores, repartieron las camisetas y concretaron las tareas de cada uno... cruces, avituallamientos, coches escoba,... Con el cometido claro, nos íbamos a tomar una cerveza y a casa '¡mañana a las seis y media nos vemos!', 'ni cuando corro madrugo tanto'.

A las seis y cuarto recogía a Mich, a las seis y media estábamos en la puerta del bar esperando a que se calentara la cafetera. Después al tajo... trasladar las carpas, montar las mesas para repartir dorsales, abastecer y repartir los avituallamientos, señalizar para que no aparquen coches en el trayecto de salida, poner vallas aquí y allí, decidir donde poner el arco de salida, ponerlo y saludar a todos los camaradas que vienen a correr 'espero que os guste, suerte!'. Nueve de la mañana '¡vámonos!' (preocupado porque no había podido concretar con Bea como llegar al avituallamiento), íbamos Jorge, Jose, Mich, Sebas, Josek y yo (Alberto al final no pudo venir), llegamos, montamos, dividimos la faena y a esperar, lo típico... cerveza, papas, cacahuetes, un par de tonterías y unas risas, de golpe empezaron a subir coches, entre ellos veo el Altea 'mira, ya vienen Bea y Diego', Bea se monta su esperadero a la sombra del coche, Diego con su camiseta verde de dinosaurios y bicicletas, me pide impaciente que le saque la bici y le ponga el casco. Nueve y media 'ya han salido'... nueve y cuarenta, '¡ya vienen!', a lo lejos los vemos iniciar el primer bucle, se distingue el color verde en la cabeza de carrera, también podemos ver la bajada, que vista desde donde estábamos daba vértigo y mas vértigo daba verlos bajar a lo lejos. '¡Ahora si! ya vienen los primeros'.


Aparecen tres valientes, el esfuerzo se refleja en sus caras 'agua aquí!, isotónica detrás!', cogen agua, menudo ritmo, no recuerdo cuanto, pero si que contamos el tiempo que les llevaban a los siguientes y era mucho. Empiezan a llegar ciclistas, holgadamente íbamos repartiendo agua e isotónica. La máquina funcionaba perfectamente, Jose y Bea hacían fotos, Diego animaba, Mich abría botellas y rellenaba los vasos, Josek y Jorge repartían isotónica, Sebas y yo repartíamos agua. Esto de inicio, porque acabamos haciendo todos de todo, incluso Jose tuvo que dejar la cámara durante un rato, yo cuando podía pegaba algún empujón, aunque no pude dar todos lo que me hubiera gustado (ni de la forma que me hubiera gustado... jejejeje). Conseguimos abastecer a todos, solamente paraba el que quería, conforme pasaba el tiempo eran mas los que paraban, se echaban unas risas y siempre agradecidos continuaban (si señor, esto cada uno se lo toma como quiere). Comenzamos a recoger, llega el coche escoba, nos indican que recojamos también un pequeño tramo que no se puede hacer en coche, Josek y yo nos quedamos, lo hacemos y bajamos al pueblo.

Lo primero enterarnos de quien ha ganado, de cuanto a tardado, del tiempo que ha sacado al resto... después picamos algo y a lo que salga, normalmente trabajo de 'traidor' (trae esto, trae lo otro...), hablo con los camaradas, hay opiniones para todos los gustos, desde el que está encantado hasta el que no le ha gustado nada, en general la marcha ha gustado y mucho, pero ha sido muy dura que sumado al calor... Veo a Bea, está con Raquel, les pregunto por Pedro 'cree que ha entrado sobre el 50, acaba de ir a beber algo', buah! qué subidón!, me voy a buscarle para felicitarle, el trabajo tenía que dar frutos y aunque han tardado, han llegado, 'enhorabuena amigo!, te lo mereces'. En un momento dado, alguien me dice 'mira ha venido la Guardia Civil', pero si se suponía que no podían venir, debemos estar tranquilos porque lo tenemos todo en regla, pero con estas cosas... se les entrega toda la documentación y ahí queda la cosa. Hablando estaba yo con Canales y los hermanos Maiques cuando vino Eva, tenía que ir a por una llaves, hacía calor, estaba cansada y urgía, '¡necesito una bici!, Juan tu que conoces a tanta gente podrías...', como no, '¡venga señores! que necesito...', creo que fue Alex (si es que desde que van con el mismo equipo cualquiera los distingue) el que nos dejó su montura 'gracias amigo', cuando volvió Eva nos confirmó que los tacones con lo automáticos no combinan bien. Así pasa lo que queda de mañana, llega la entrega de premios y a deshacer lo hecho... desmontar carpas, desmontar el arco, desmontar las mesas, desmontar las señales, limpiar y archivar los dorsales... se acabó.


Como ya  he dicho en otras ocasiones, con un grupo humano así da gusto hacer las cosas. Tras la marcha las críticas en los foros están siendo muy positivas, señalización, recorrido, avituallamientos, almuerzo... Enhorabuena Dinos!!! yo he intentado estar a la altura aunque ya estaba casi todo hecho. Los que si que estuvieron a la altura fueron Diego con sus ánimos y Bea con sus fotos, ahí va la galería.